Robert Downey jr. es –con permiso de Hugh Jackman (Wolverine) y de Christian Bale (Batman)- el mejor actor que se haya enfundado un traje de super héroe. El actor que ya fuera nominado para sendos Oscar por Chaplin (Richard Attenborough, 1992) y por Tropic Thunder (Ben Stiller, 2008) aporta una calidad interpretativa poco común en el género, y a cambio ha visto resurgir su carrera en los últimos años gracias a roles como el de Tony Stark (Iron Man- Jon Favreau, 2008) o el de Sherlock Holmes (Guy Ritchie, 2009) tras una etapa en la que su autodestructivo estilo de vida le llevó a arruinar su salud, su reputación y la carrera que había iniciado con tan buenos augurios.
Su vuelta al mundo de los actores cotizados se inició con la sub-valorada Kiss, Kiss, Bang, Bang (Shane Black, 2005), en la que Black, guionista de éxitos como la saga de Arma Letal (Richard Donner, 1987), El último boy Scout (Tony Scott, 1991) o El último héroe de acción (John McTiernan, 1993), debutaba como director, e iniciaba también su vuelta al mundo de los vivos tras su particular “viaje al infierno” en la línea del propio Downey jr.
Fue precisamente su rol en esta cinta el que convenció a Jon Favreau de que Robert Downey jr. Tenía el registro necesario para interpretar la versión cinematográfica del millonario superdotado (intelectualmente), mujeriego y egocéntrico que se enfunda el traje de Iron Man. Visto el resultado, la elección fue sin duda todo un acierto.
En Iron Man 3 Shane Black vuelve a dirigir a Robert Downey jr. 8 años después de Kiss, Kiss, Bang, Bang. Además la nueva entrega supone la tercera de la saga Iron Man, aunque es la cuarta película en la que vemos al actor lucir el traje metálico –contando con la espectacular Los Vengadores (Joss Whedon, 2012) en la que Downey jr. Sin duda se “roba la película” que dirían sus compatriotas-. De hecho la cinta supone una secuela de los eventos de dos películas: En Iron Man 2 (Jon Favreau, 2010) vemos a Tony Stark iniciar una relación seria (tal vez la primera de su vida) con su asistente Pepper Potts (Gwyneth Paltrow). Mientras que en Los Vengadores, Stark se convierte en un auténtico héroe, cuando decide sacrificar su vida por la Tierra, consiguiendo finalmente salvarse “in extremis”.
Ambas líneas argumentales –la relación de pareja y sus intentos por “hacerse mayor”, y las secuelas psicológicas de la experiencia cercana a la muerte- forman el escenario emocional desde el que el personaje afronta las circunstancias y eventos que se sucederán en la nueva entrega. En el tintero se quedó la idea de Black de explorar el problema de Tony Stark con la bebida –temática que tanto Downey jr. como Black conocen de primera mano- dado que a los ejecutivos del estudio se les antojaba un tema excesivamente adulto para el público objetivo de la película.
Así y todo, actor y director exploran los registros del personaje más allá de lo que se haya hecho en las entregas anteriores, lo que hace de esta la mejor interpretación de la saga. Si a esto añadimos un reparto en el que además de la Paltrow, vuelve Don Cheadle (Crash, 2004), y se suman Guy Pearce (Memento, 2000) y Ben Kingsley (Ganador de un oscar por Ghandi, 1983, y nominado a otros tres), podemos asegurar que si algo no flojea en esta película son las interpretaciones. De hecho la prensa americana ya está hablando del papel de Kingsley como “la mejor interpretación de un villano desde el Joker de Heath Ledger”.
Por su parte, el guión, que corre a cargo del propio Black, nos remite a sus mejores momentos de “buddy movies”, de hecho algunas de las mejores escenas de acción se producen sin que los protagonistas porten los trajes que les convierten en Iron Man y Iron Patriot (antes War Machine). Por supuesto no faltan los afilados diálogos llenos de humor que caracterizan a Black, así como la aportación del colaborador Drew Pierce (Pacific Rim, 2013), quien ya se hiciera popular en el Reino Unido con una serie que parodiaba a los super héroes No Heroics (2008).
El argumento toma prestados elementos del cómic original, combinando a uno de los villanos más populares de la serie, El Mandarín, que apareciera en el cómic por primera vez en 1964 (Tales of suspense 50), con la más reciente saga Extremis, que exploraba los peligros de la manipulación genética. A todo esto se le ha querido añadir una dosis de realismo, introduciendo la amenaza del terrorismo extremista -y el miedo que ocasiona a la sociedad americana- dentro de la trama.
Con todos estos elementos tenemos los mimbres para una buena película, a la que tal vez le falta más acción y sobre todo más peso del alter ego de Stark: Iron man. A cambio tenemos un thriller de acción en el que Tony Stark deja claro que incluso sin su armadura es un hombre que no carece de recursos.
En resumen podemos decir que Iron Man 3 visualmente no desmerece de las anteriores entregas de Iron man, aunque dista bastante de lo que pudimos ver en “Los Vengadores”. A cambio, tenemos mejores interpretaciones, más Tony Stark y, sobre todo, más Robert Downey jr.
Post original de Septiembre de 2013, publicado en www.ociozine.com

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