jueves, 6 de febrero de 2014

El Hobbit. La desolación de Smaug

Una vez vi una peli porno en tono de comedia que trataba de un detective privado, la verdad es que era bastante divertida y empecé a meterme en la historia. El caso es que cuando –como es normal toda película porno- empezaba una escena de sexo, recnozco que me fastidiaba un poco, porque detenía la narrativa y hacía que la historia perdiera ritmo… No podía llamarme a engaño, porque es lo normal en las películas porno, pero debo confesar que en este caso me hubiera gustado poder editar la película para que fluyera mejor la trama.

El caso es que al ver el Hobbit: La Desolación de Smaug me vino a la cabeza este ejemplo. Es una película de acción y aventura llena de escenas con una acción y un ritmo trepidantes, que sin embargo retrasan la narrativa y prolongan la historia en exceso.

Cualquiera que haya leído las novelas originales entiende que convertir un libro como El Hobbit (J.R.R. Tolkien), más corto que cada uno de los tres libros de El Señor de los Anillos, en tres películas de similar metraje a las tres primeras de la saga (primeras en orden de rodaje y estreno, que no cronológico) requiere de un ejercicio en prolongar la trama, cosa que Peter Jackson ha hecho a base de jugar con elementos como el paisaje (real o virtual), los diálogos, que respiran y se desarrollan sin prisa alguna, y –sobre todo- la acción, que parece un cruce entre un videojuego y las elaboradas coreografías de una película del mejor Bruce Lee o Jackie Chang.

Las batallas, persecuciones, y la acción en general se sucede a un ritmo frenético, con movimientos, golpes y lanzamientos imposibles. Al margen del uso de las tecnologías, uno no puede dejar de admirar la precisión y la elaboración con la que Jackson nos regala, y que harán las delicias de los fans de la saga, y del género…

Si uno acude a ver La Desolación de Smaug, lo más probable es que haya visto El Viaje Inesperado, y por tanto sepa perfectamente a lo que va. Los fans acudirán, porque saben que en la película encontrarán todos los elementos de aventura mítica que han hecho de la saga una de las franquicias de mayor éxito de la historia del cine, y esta entrega no será la excepción.

Otro de los puntos fuertes de la saga son sus actores. Vuelven viejos conocidos como Ian Makellen (Gandalf) u Orlando Bloom (Légolas), quienes ya aparecían en la saga original, repite Martin Freeman quien encarnara a Bilbo Baggins en el viaje inesperado, y cobran mayor protagonismo Richard Armitage, en el papel de Thorin o Aidan Turner en el papel de Kilin.

Asimismo debutan en la serie la actriz Evangeline Lilly (Tauriel), tras su paso por Lost (2010) y Real Steel (2011), junto a Hugh Jackman, Luke Evans (Bard/Girion) a quien ya vimos interpretando a Zeus en Inmortals (2012) o más recientemente en la última entrega de Fast & Furious 6 (2013). También hacen pequeños pero destacables roles Stephen Fry (El Señor del Lago) y un Benedict Cumberbach en estado de gracia, haciendo doblete como la voz del dragón Smaug y de el propio Sauron.

Nuevamente la película te deja a medias, cosa que también sabrá de antemano todo aficionado que haya visto cualquiera de las películas de la saga… y en especial los que hayan visto El Viaje Inesperado. Habrá que esperar a Diciembre de 2014 para ver la conclusión de la trilogía de El Hobbit con su tercera entrega Partida y Regreso.

Supongo que la mejor forma de ver El Hobbit sería intentar ver las tres seguidas cuando salga la tercera, o bien en un cine que proyecte una sesión triple (con paradas para comer e ir al baño) o bien alquilar –o comprar- los dos primeros DVDs/Bluray, antes de ir a ver el estreno de la tercera. Sin embargo, Si eres un auténtico fan, como yo, no podrás aguantar hasta entonces y querrás ver la segunda entrega, aunque luego repitas… Y si eres un fan, como yo, El Hobbit: La Desolación de Smaug no te defraudará, sino que te dejará con ganas de más.

Post original de Diciembre de 2013, publlicado en www.ociozine.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario