Frankenstein, la novela gótica de Mary Shelley que narraba la historia de un científico obsesionado con devolver la vida a los muertos, ha sido siempre considerada una revisión del mito de Prometeo, quien robó la llama sagrada de los dioses, y por ello fue castigado a un tormento eterno, haciendo de la propia inmortalidad su castigo.
En su novela gráfica, Grevioux introduce a la criatura del Dr. Frankenstein en una guerra milenaria entre el bien y el mal: Entre los demonios que amenazan a la humanidad y las gárgolas que la protegen.
En la película, el personaje de “la criatura”, interpretado por un desaprovechado Aaron Eckhart, es un ser atormentado por su propia inmortalidad, y por el hecho de que su creador consiguió revivir su cuerpo, pero no restaurar su alma.
Lo irónico del asunto es que a la propia película le ocurre lo mismo: Carece de alma. Yo Frankenstein es un ejercicio de narrativa muy cercano al comic. Las imágenes se suceden con una voz en off, sin que el espectador pueda llegar a empatizar o siquiera identificarse con ninguno de los personajes. El protagonista, si se puede hablar de un protagonista, está ausente en la mitad de la película. Es un personaje sin objetivo ni misión alguna. Más bien busca que le dejen fuera de toda la historia.
El director, Stuart Beattie, –quien además firma el guión, junto con el mencionado Grevioux- es un guionista de larga carrera y buena reputación en filmes de acción, con títulos en su haber tales como Piratas del Caribe (Gore Verbisnsky, 2003), Colateral (Michael Mann, 2004) o Fuera de Control (Mikael Hafstrom, 2005). Sin embargo carece de historial como director, siendo este su segundo trabajo detrás de las cámaras, tras su discreta Mañana, Cuando la Guerra Empiece de 2010.
Al margen de los agujeros en una trama -que parece más la introducción de un videojuego que una historia llevar al cine- la dirección es el punto más flojo de una película a la que le falta desarrollar un poco más los personajes, permitir que los diálogos respiren, dejar que los actores den pistas de sus deseos y temores….
En su lugar tenemos una excelente dirección de arte, unas escenas de acción plagadas de efectos especiales y diseñadas para una efectista versión en 3D, y unos personajes maniqueos interpretados por unos actores que probablemente han pasado más tiempo en la sala de maquillaje que preparando sus roles.
El usualmente excelente Eckhart no tiene “chicha” a la que hincarle el diente y lo mejor que se puede decir de este rol es que está guapo aun haciendo de monstruo… Un maniqueo Bill Nighy –inolvidable en su papel de estrella de rock en declive de Love Actually (Richard Curtis, 2003)- que a falta de nuevas instrucciones se limita a repetir su papel de malo-malísimo de Underworld; una habitualmente talentosa Miranda Otto (La guerra de los Mundos, El Señor de los Anillos: El Retorno del Rey) que defiende como puede un papel bi-dimensional; o una siempre bella Yvonne Strahovki (Dexter) que al menos consigue transmitir su encanto natural.
El propio Grevioux interpreta a un demonio, si bien no era el rol que originalmente había escrito para si mismo (el actor/guionista suele incluir en sus contratos de venta de guiones una cláusula para reservarse un papel en el filme…). Desgraciadamente también suele escribir sus guiones con la posibilidad abierta de secuelas, y en este caso podríamos ver una segunda parte… Al tiempo!
Filme recomendado para aquellos a los que les haya gustado la saga Underworld o Hansel Y Gretel, así como a los aficionados a videojuegos de batallas demoniacas, para que vayan familiarizándose con los personajes del próximo juego que sin duda acabarán comprándose.
Post original publicado en Junio de 2014 en www.ociozine.com

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